A veces resulta muy fácil creer saberlo todo, al grado de
llegar a incurrir en el error del ensimismamiento. Sin embargo este
comportamiento de cerrazón y necedad, puede derivar en una pérdida gradual de
la noción de la realidad y sobre todo la pérdida de la objetividad con las que
se analizan los sucesos y componentes que forman parte de la vida.
Los negocios no son un ente ajeno a sufrir los embates
psicológicos y mentales de sus dueños y accionistas. Muchas veces se ha visto
que el problema de un negocio es más mental que otra cosa. Se manifiesta a
medida en que el trabajo está fluyendo y, sin embargo, algo está saliendo mal y
se siente un clima enrarecido con estrés y la sensación de no poder llegar a
cumplir con lo prometido a los clientes.
También existen situaciones en la que los negocios comienzan
bien y su calidad empieza a decrecer, no solamente en el servicio al cliente o
la elaboración de los productos y servicios, sino que se refleja también en el
aspecto visible del negocio: comienza a notarse descuidado y con evidente falta
de mantenimiento.
Haremos una analogía un tanto cruel pero que nos ayudará a
comprender con mayor claridad lo que estamos hablando: las estrellas de la
farándula.
Todas las personas conocen a artistas cuyas carreras
comenzaron desde el anonimato hasta la consolidación a partir de realizar un
trabajo sobresaliente. La vida de la naciente estrella comienza a llamar la
atención de muchos. Genera fama, riqueza, admiración. Realiza cada vez más
trabajo donde sus aptitudes le permiten destacarse y consolidarse como una gran
estrella. Pero llega un momento en que la estrella parece haber perdido la
cabeza y comienza a tener comportamientos erráticos. Un par de veces son
tolerados por sus admiradores, pero resulta que las cosas siguen empeorando y
cada vez los “papelitos” de la estrella son de mayor gravedad.
Con el tiempo se descubre que la estrella famosa cayó en
problemas de alcoholismo o drogadicción, gastaba su dinero irresponsablemente y
sin darse cuenta su imagen se fue empañando poco a poco hasta llegar al punto
en que la estrella perdió el brillo de antaño. Aquí es el punto donde ha tocado
fondo y recuperarse es prácticamente imposible, pues carga con una pesada losa
en sus espaldas compuesta por una larga serie de eventos y sucesos
desafortunados.
El problema no es que si el artista estrella insultó a
algunas personas, golpeó a otros, infringió la ley, etc. No, porque estoy sería
más bien las consecuencias directas de algo mucho mayor: UN PROBLEMA MENTAL.
Ahora bien, volviendo al tema de los negocios no se pretende
exponer que los empresarios estén mal de la cabeza o locos, sino que por
sentido común podemos deducir que el ejemplo hipotético del artista famoso pudo
haberse prevenido mediante una buena asesoría acerca de imagen y relaciones
públicas, que comprendieran desde aspectos psicológicos tanto personales como
profesionales hasta el manejo adecuado de las relaciones con los medios de
comunicación y con los admiradores.
Es aquí donde se puede inferir que en el mundo de empresa,
un buen porcentaje de los problemas existentes a nivel operativo y gerencial en
una empresa, sin importar su tamaño o sector, corresponden a una resistencia al
cambio que impide mejorar y que a su vez, es causada por una mentalidad
inadecuada en el líder o los líderes de la empresa que les impide ver la
necesidad de realizar ciertos cambios específicos que se traducirán con mejoras
para el desempeño de la empresa.
Es por eso que la consultoría y asesoría en áreas que
presenten dificultades en un negocio resultan de particular importancia porque
vale más corregir un problema cuando éste es pequeño, que corregirlo cuando se
ha salido de control y puede llegar a terminar con la existencia de la empresa.
También es necesario recalcar que así como las personas
podemos ignorar que tengamos un padecimiento de salud, también las empresas
pueden ignorar que pueden tener problemas en algunas de sus áreas funcionales
(o no necesariamente problemas, sino actividades que se pueden mejorar para
obtener un desempeño más óptimo de la empresa).
Por lo anteriormente expuesto, hacemos la atenta invitación
a que se detengan a reflexionar un momento y se pregunten cómo podrían mejorar
aún más su negocio. Muchas veces son pequeños detalles o pequeños cambios los
que se traducen en grandes mejoras. La mejora continua es un hábito que asienta
los caminos hacia la excelencia.